Es fácil quedar atrapado en la urgencia del día a día: atender solicitudes inmediatas y resolver problemas que parecen demandar atención constante. Las reuniones imprevistas, los correos que no pueden esperar o las decisiones que deben tomarse “ya” nos mantienen activos, pero no siempre productivos. En medio de ese ritmo frenético, olvidamos que no todo lo urgente es realmente importante.
Sin embargo, la Matriz de Eisenhower nos invita a dar un paso atrás y diferenciar lo urgente de lo importante. Este modelo, popularizado por el expresidente estadounidense Dwight D. Eisenhower, propone clasificar nuestras tareas en cuatro cuadrantes según su nivel de urgencia e importancia. Así, aprendemos a distinguir entre lo que requiere acción inmediata y lo que necesita una planificación estratégica.
· Hacer - Importante > Urgente
· Planifica - Importante > No urgente
· Delegar - No importante > Urgente
· Eliminar - No importante > No urgente
Aplicar este enfoque no solo nos ayuda a gestionar mejor el tiempo, sino también a enfocarnos en lo que realmente impulsa el desarrollo del talento, la satisfacción del equipo y la cultura organizacional. Cuando priorizamos lo importante, estamos fortaleciendo la base del liderazgo consciente: uno que anticipa, inspira y genera valor sostenible.